Un dragón nuevo

Los dragones son lo mío. O yo soy de ellos, tal vez. Me encanta la figura de animales mitológicos que vuelan, con fuego adentro y tesoros guardados. En todas las historias de culturas con personas que se pasan la estafeta de la realidad a lo imaginado, hay serpientes que vuelan. ¿Será que le tememos tanto a los reptiles que necesitamos verlos volar?

Tengo tatuado uno en la cadera derecha, uno sobre el otro, porque fue el primero que me hice y me lo volví a hacer. Tengo uno nuevo ahora en la mano derecha, a veces en el dedo de en medio, a veces en el índice, como ahora para escribir. Y tengo uno dentro, que sale como serpiente a devorarme o a quemarme con su fuego.

Supongo que me gusta pensar que soy un dragón, fría por fuera, guardando mi tesoro, capaz de quemar a quien se me acerque. Pero tal vez me equivoco y los dragones son seres que mueren por dar calor. Quiero uno, otro más.

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