Un anticipo

Comer boquitas antes de comer siempre me frustra. Sobre todo porque lo primero es rico y lo segundo también, pero ya no hay suficiente estómago. No sé en qué momento creímos que era buena idea tener tantos platos distintos. Lo cierto es que una buena entrada anticipa lo demás y se queda uno con la expectativa.

En general, para aumentar la felicidad uno no debe hacerse expectativas, porque éstas rara vez se cumplen. Además, uno vive con un pie en algo que tal vez ni vaya a suceder, en vez de concentrarse en lo que está pasando. La anticipación es una fuente de sufrimiento.

Pero a mí debe gustarme un poco sufrir, porque me encanta hacer planes y llenarme de expectativas. He aprendido a que pueden ser una fuente adicional de placer, siempre y cuando no me decepcione si no se cumplen. Aunque no puedo hacer esa distinción cada vez, lo logro cada vez más y así me gozo las cosas por partida doble. Algo así como aprender a no atipujarme con las boquitas.

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