Se supone que hay un momento para todo. Es una de esas reglas como las de los bienes raíces (ubicación, ubicación, ubicación)… para la vida es “momento, momento, momento”. Y me refiero al adecuado. Al que nos encuentra en el lugar y la disponibilidad correctos. Es cuando tenemos la fuerza para levantar el regalo, la sabiduría para apreciarlo y la humildad para aprender.
Cuesta vivir atento al momento. Sobre todo cuando se es joven y uno quiere saltarse todas las etapas. Uno mira a los hijos luchar contra el límite de su edad y toca darles calma, aunque sea a la fuerza. Todo viene.
Es malo perder ese momento por no tomarlo cuando se nos presenta. Pero tampoco sirve adelantarlo. Y es en ese juego que uno pasa la vida, a veces aprovechando las oportunidades y a veces lamentándolas. Menos mal que la muerte nunca llega a la víspera, porque no la apreciaríamos cuando nos toca.
