Hablar acerca de lo que hago bien es energizante. Me hace sentir feliz, entera, pongo una buena coraza entre el mundo y yo y me siento invencible.
Todos tenemos un lado fuerte con el que nos presentamos y que nos es fácil de manejar. Aunque es rígido y nos hace menos ágiles, más dispuestos a quedarnos en donde estamos. Las armaduras son pesadas y, una vez se quiebran, difíciles de reparar.
Las usamos para proteger el lado suave y blando que no mostramos porque duele. Lo guardamos en una caja fuerte y hasta nos olvidamos que existe. Pero esa debilidad es la verdadera fortaleza que tenemos. La capacidad de dolor nos dice qué mejorar, en dónde crecer. Y allí está cómo dejar del lado lo rígido y quebradizo y salir con nuestra propia fuerza.
Mi vulnerabilidad me ayuda a ser fuerte, porque tengo que enfrentarme a mí misma.
