La verdad es un golpe

Cuando estaba comenzando el proceso de la declaratoria de nulidad de mi matrimonio (historia para otra ocasión), en el camino al tribunal eclesiástico estaba una mega-manta con la imagen de Monseñor Gerardi y la cita: «Conoceréis la Verdad y la Verdad os hará libres.» Independientemente del contexto religioso que tiene esta frase, sigue siendo la clave de la vida destilada en su más pura expresión. Leí eso y tomé el valor que necesitaba para afrontar una travesía que duró un poco más de un año calendario y una existencia emocional entera. Pero la sobreviví, gracias a admitir una verdad propia que me liberó.

En esta época en la que no nos gusta lo real, buscamos por todos los medios de ocultarnos tras lentes cada vez más opacos. No en balde las fotos «normales» ya llevan más filtros que purificadora de agua. Preferimos someternos a cirugías peligrosas y de dudosa durabilidad con tal de no aceptar el paso de los años o la necesidad de cambiar nuestro estilo de vida. Les llenamos a los niños la cabeza con mentiras disfrazadas de «fantasías» para protegerlos de cosas que son más claras que la luz del sol. Nos sentimos tan inútiles como raza humana, que le tenemos miedo a la verdad y la describimos como «dura, cruda, cruel».

La verdad, la realidad, no es un golpe que recibimos. Es la espada que nos corta las ataduras. El problema es que les hemos agarrado cariño a las cosas que nos tienen atrapados y nos duele que nos las quiten de encima. Supongo que el buey también extraña su yunta.

Tuve que tomar pruebas psicológicas exhaustivas durante la declaratoria. Me hicieron preguntas acerca de mi conducta que no me hubiera contestado voluntariamente ni a mí misma. Pero cada vez que estaba a punto de esconderme tras medias verdades, me recordaba de la manta y afrontaba mi realidad como era. Y fui libre.

Negar los Hechos

El gato que rescatamos de una alcantarilla, el que no pesaba ni una libra, cinco meses después es más grande que el perro de mi suegra (el cuál es un chucho de esos cuasi-ratas, pues, pero igual). Cuando recién estaba en casa, cabía bajo todos los muebles con facilidad. Ahora, obviamente, ya sólo cabe bajo la mesa del comedor.

Los animales observan el mundo a su alrededor como una serie de hechos irrefutables que perciben a través de sus sentidos: pasan los bigotes, paso yo; no pasan los bigotes, no paso yo. Blanco o negro. No hay mucho espacio para discutir. Dichosos.

Nosotros los humanos somos tan inteligentes, que nos damos el lujo de no creer lo que percibimos por medio de nuestros sentidos, hasta el punto que negamos las cosas que tenemos enfrente. Me cierra el zípper, quepo en los jeans; no me cierra el zípper, igual me tiro desde el segundo piso para caber en los jeans. Olvídense de escalas de grises, esta es la paleta pantone completa.

Llegamos al colmo de utilizar diferentes definiciones para una misma palabra, haciendo que nuestra principal forma de comunicarnos, que es el lenguaje, sea ambigua en el mejor de los casos, engañosa en el peor. Y todo es porque le pegamos sentimientos a nuestro entorno. Unos jeans no son una simple prenda de vestir; son los jeans que me compré después de un año de estar a dieta y que al fin bajé una talla y que usé el primer dinero que me gané escribiendo y que fui a escoger con mi mejor amiga a quien tenía dos años de no ver y que usé para el primer concierto al que fui con mi novio que ahora es mi esposo… ¿Ven por dónde va la cosa? Con esa carga emocional, ¿quién jodidos me va a decir a mí que no quepo en los benditos pantalones? Y, mientras me cortan la circulación de la espina dorsal, yo me niego a ver lo evidente y sólo pienso en lo que representan.

La vida tiene color porque se lo damos y las cosas tienen importanci, porque se la ponemos. En el mundo, todo es neutral, hasta que nosotros tomamos una postura. Y eso está bien, no somos robots. Pero tal vez sería menos complicado no ser tan engazado y tratar de aceptar los hechos a nuestro alrededor, como lo hacen los animales.

Y ahora, me disculpan, tengo que ir a sacar al gato que se quedó trabado debajo del sofá.