Primero voy yo

La consistencia es el fundamento del éxito en muchas cosas. Por ejemplo, si a uno de mis hijos les digo que x o y va a pasar si hacen a o b, pues eso es exactamente lo que pasa. Lo he hecho las suficientes veces como para que se sientan seguros que va a resultar la consecuencia anunciada de la conducta en cuestión.

Cuando decimos algo, sale aire vibrando de nuestra boca. Pareciera que es insustancial, al final del día «las palabras se las lleva el viento.» Resulta que puede ser muy diferente: las palabras que salen de nuestra boca nos amarran a lo dicho, nos forman, crean el mundo a nuestro alrededor. Una promesa dada, primero, ata al que la dice y le impone una carga de lealtad hacia sí mismo.

Esa misma vibración que permite percibir los sonidos, pareciera moldearnos, como si fuéramos mármol. Cada promesa rota, cada infidelidad, cada deslealtad, propinan un golpe que afea nuestra creación. Y es que nosotros nos esculpimos a nosotros mismos con nuestro comportamiento en la vida.

Por eso, consistentemente, procuro serme fiel y cumplir lo que prometo. Porque yo voy primero y no me quiero arruinar.