Atajos Mentales

Yo estoy llena de prejuicios: espero que el chofer de la camioneta sea imprudente, abusivo y agresivo. Creo que los políticos tienen malas intenciones y que son corruptos. Desconfío de los policías. Sé que mis amigos me hablan con la verdad.

Los prejuicios son simples mapas preconstruidos que nos ayudan a navegar por la vida de forma más eficiente. Es como agarrar la ruta más corta entre dos puntos. El problema viene cuando no estamos dispuestos a analizar esos esquemas para revalidarlos, o encontrar mejores. Etiquetar a las personas siempre es problemático, porque no nos podemos definir ni a nosotros mismos. Agrupar a una «clase» de gente y esperar que actúe de x o y manera, nos predispone a verla sólo con esos lentes y fijarnos sólo en lo que refuerza nuestra preconcepción.

Clasificar a alguien sin conocerlo es miope. No tener opinión acerca de alguien luego de interactuar es no darle importancia. Cada individuo se merece un análisis propio y, si somos muy iluminados, nos permitimos revisarlo cada cierto tiempo para ver si todavía cabe donde lo colocamos. Parte de ser humano es cambiar, crecer y ver ese avance en los demás. Pero tampoco podemos pasar por la vida deteniéndonos a investigar cada uno de los impulsos que nos guían a actuar en situaciones cotidianas: no haríamos nada. Allí es donde los prejuicios, la cosmovisión, no son nocivos. Sólo hay que evitar que no nos permitan ver al humano detrás de la etiqueta.

Y, en el tráfico, yo seguiré asumiendo que estoy en guerra y que tengo que evitar a camioneteros, taxistas, motoristas y alguno que otro peatón.