Una sola vida

Mi mamá quería que yo aprendiera a tocar un instrumento, a pintar en acuarela, a montar a caballo y a jugar tenis. Pregúntenme cuáles de esas cosas sigo haciendo. He escuchado muchas veces el «yo siempre quise hacer x o y cosa y por eso me he sacrificado para que tú lo puedas hacer.» Aprendí a comer según un horario, porque mi mamá comía a deshoras. Crecí con pavor a engordarme, porque mi mamá tuvo problemas de sobrepeso toda su vida. El lema «todos los hombres son coches» lo escuché desde muy pequeña.

Claro que es imposible no moldear a los niños que uno tiene. Al final del día, para eso es un padre, para formar personas de bien, según los propios criterios. También, la transmisión de la experiencia previa propia es una de las mejores herencias. Los que tenemos la fortuna de convivir con nuestros hijos y encarrilarlos por donde creemos que deben ir, no podemos dejar de imprimir en ellos nuestro sello, así como tienen nuestras facciones, o imitan nuestros gestos.

Se vuelve complicado cuando resultamos queriendo vivir vidas ajenas a las nuestras. Mi hijo es una persona aparte de mí, con preferencias distintas y sueños en los que vamos a variar. No es una extensión mía y me lo tengo que recordar cada día. Peor con la niña. Hay un esfuerzo necesario en conocer a los hijos como seres humanos en sí  mismos y no dar por sentado que van a hacer todo lo que les digamos.

Liberar de esa carga no sólo es para ellos, es para mí también. No necesito depender de uno de mis hijos para obtener lo que siempre quise. Yo lo puedo hacer por mí misma. Y ellos están libres de vivir sus propias vidas.

Preferencias

La gente se divide en dos clases: la que improvisa sus viajes y la que los planifica. Yo caigo estrictamente dentro de la segunda. Y los cumpleaños y las salidas y los fines de semana y las comidas. Rara vez me agarra un día de improviso. Algo similar hice con mis hijos y así los he criado, con horarios estrictos predecibles desde pequeños. Tanto así que, a la semana de haber tenido sus piñatas, es común que ya me estén diciendo de qué quieren la del año siguiente. Cuando trabajaba en una oficina, mi ritmo de trabajo era completamente diferente, pues las negociaciones que supervisaba eran del todo impredecibles, hasta el punto de hacer cambios a escrituras media hora antes de su firma. Me encantaba mi trabajo.

A los psicólogos les fascina catalogar a los humanos, ya sea por su conducta, su «temperamento», etc. Las psicólogas Myers y Briggs desarrollaron un test de preferencias de comunicación basado en los arquetipos de Jung (pueden tomarlo en este link http://www.humanmetrics.com/cgi-win/jtypes2.asp ) aunque hay muchísimos más en línea. En lo personal, este acercamiento al comportamiento me gusta, pues habla, como ya dije, de preferencias, no de determinación. Yo puedo tener una inclinación por ser ordenada, pero al salirme de mi zona de confort, puedo encontrar habilidades que desconocía.

La mente mente no tiene límites, ¿por qué nos los vamos a poner nosotros simplemente porque no nos sentimos cómodos? Si sólo hiciéramos lo que sabemos, nunca aprenderíamos cosas nuevas. Hasta para aprender a caminar hay que arriesgarse. Así nos mantenemos jóvenes(ish), la mente no se nos fosiliza y el cuerpo nos aguanta bien unos años más.

Salirse de nuestras preferencias nos abre el resto del mundo. Quién quita y las cambiamos. Ahora, permítanme que tengo que planificar las vacaciones de fin de año.