Las estrellas

¿A quién no le gusta ver estrellas por la noche en un cielo despejado? Ese primer destello cuando oscurece, o el último esplandor cuando va amaneciendo. Me queda la expresión de pequeña «se apagan las estrellas cuando sale el sol». Cuando no es así, es sólo que salió una estrella mucho más brillante y opaca a las demás.

Creo que cada uno es el sol de su propio firmamento. En nuestra vida, cada uno decide su actuar. Pero también es importante tener estrellas que lo acompañen e iluminen en noches oscuras, cuando la luz de nuestro razonamiento no mucho que funciona. Estamos muy lejos de estar solos en este mundo y nuestro paisaje es más completo y hermoso mientras mejor aprendamos a colaborar con los demás. Pero hay que tener cuidado de encontrar personas que brillen también con luz propia y que no sean hoyos negros que nos arrastren. Hasta en el vacío del espacio hay trampas de luz que succionan todo lo que se les pone cerca.

Hay un momento mágico cuando el sol aún no ha salido, pero se mira su luz y las estrellas todavía se pueden distinguir. Pero todas al final se desvanecen y ya no las vemos, aunque sigan allí. Yo tengo varias luces que me guían en mi vida y que están siempre allí, aunque no las mire. Gracias.

Atajos Mentales

Yo estoy llena de prejuicios: espero que el chofer de la camioneta sea imprudente, abusivo y agresivo. Creo que los políticos tienen malas intenciones y que son corruptos. Desconfío de los policías. Sé que mis amigos me hablan con la verdad.

Los prejuicios son simples mapas preconstruidos que nos ayudan a navegar por la vida de forma más eficiente. Es como agarrar la ruta más corta entre dos puntos. El problema viene cuando no estamos dispuestos a analizar esos esquemas para revalidarlos, o encontrar mejores. Etiquetar a las personas siempre es problemático, porque no nos podemos definir ni a nosotros mismos. Agrupar a una «clase» de gente y esperar que actúe de x o y manera, nos predispone a verla sólo con esos lentes y fijarnos sólo en lo que refuerza nuestra preconcepción.

Clasificar a alguien sin conocerlo es miope. No tener opinión acerca de alguien luego de interactuar es no darle importancia. Cada individuo se merece un análisis propio y, si somos muy iluminados, nos permitimos revisarlo cada cierto tiempo para ver si todavía cabe donde lo colocamos. Parte de ser humano es cambiar, crecer y ver ese avance en los demás. Pero tampoco podemos pasar por la vida deteniéndonos a investigar cada uno de los impulsos que nos guían a actuar en situaciones cotidianas: no haríamos nada. Allí es donde los prejuicios, la cosmovisión, no son nocivos. Sólo hay que evitar que no nos permitan ver al humano detrás de la etiqueta.

Y, en el tráfico, yo seguiré asumiendo que estoy en guerra y que tengo que evitar a camioneteros, taxistas, motoristas y alguno que otro peatón.