Competir por gusto

Me gusta probar hacer cosas nuevas. Rara vez tengo el pelo del mismo largo o color (aunque ahora en mi etapa hippie, ya no me lo estoy pintando). Ahora, por ejemplo, estoy con la onda de remodelar los muebles de la casa. Es una mezcla de codencia, seguridad de poder hacerlo y una buena medida de entusiasmo. También me gusta compartir los resultados de la sudada, mis pobres amigas tienen sus teléfonos inundados de fotos mías enseñándoles mi nueva ocupación. Se requiere tener una personalidad muy especial para estar tan cerca mío. Ya me ha pasado que la gente que no me conoce, cree que le estoy presumiendo de mis cosas. Y no. La competencia es conmigo misma, la demás gente está en su propia carrera.

Generalmente, hacemos cosas, compramos cosas, nos ponemos cosas, para hacerles ver a otras personas que nosotros sí lo tenemos y ellos no. Lo cuál se convierte en un ejercicio de nunca acabar. Midiéndonos contra los demás, siempre vamos a perder, porque siempre está la posibilidad que el otro consiga algo mejor. ¿Tú tienes esa marca de bolsa? Pues yo tengo dos. ¿Vives en una casa de tantos metros? Pues yo tengo el doble. Y así, la montaña de cuestiones inútiles por las que nos amargamos que no son nuestras, nos llena la casa de estupideces que no necesitamos.

Yo no enseño las cosas que hago para hacer sentir mal a la gente que tengo a mi alrededor. Lo hago por compartir una victoria. Porque yo compito, todo el tiempo, pero contra mí misma. Así, cuando me gano, de todos modos gano.