Cambiar juntos

Estamos a punto de cumplir 10 años de casados (tenemos más de 20 de conocernos, pero esa es otra historia) y me parece poco y mucho tiempo a la vez. Mis papás llegaron a cumplir 30 años, pero ni de chiste quisiera acercarme a una relación tan mala como tenían ellos. Y es que llegaron a no conocerse, porque les era imposible hablarse.

El cambio personal no sólo es inevitable, sino que es bueno. Lo que no se mueve, crece y se transforma, está muerto. Igual son nuestros gustos, intereses y conocimiento. Obvio no nos llama la atención hoy lo mismo que cuando teníamos 15 años (al menos eso espero).

Y en una relación ese no es el problema. Lo que jode el asunto es cuando, de un día al otro, uno despierta con un extraño por no haberse tomado el tiempo de hablarle. No vale sólo abrir la boca para pedir comida, saludar o alegar. Se necesita un genuino interés en conocer a la persona con la que uno pretende compartir su vida. El conocimiento alimenta la confianza, refuerza el respeto y aviva el cariño.

La vida es complicada, los horarios son apretados y el cansancio abunda. Me cuesta quedarme despierta después de la 10pm, pero, en 10 años, si pasan más de tres días sin tener una plática de por lo menos media hora con mi marido, me siento un poco perdida. Menos mal tengo el excelente ejemplo de mis papás y de cómo no quiero pasar mi 30 aniversario.

El Conocimiento es Poder

-«JM, salte de la piscina pequeña, ya estás demasiado grande.»

– (Leyendo en voz alta) «‘Piscina pequeña sólo para niños menores de ocho años.’ Yo tengo siete. No soy muy grande.»

Y el niño continúa felizmente salpicando a todo el mundo a su alrededor. Y a mí no me queda mucho qué decirle.

Se hace una marcada diferencia en el trato con cualquier persona que sabe algo que antes desconocía. Las relaciones cambian radicalmente, sino recuerden la primera vez que una amistad les dijo que quería ser algo más. O cuando al fin entendieron cuándo se cambia de velocidad un carro mecánico. Saber/conocer cosas nos transforma, convierten el mundo a nuestro alrededor de plano a redondo, nos sacan del centro del universo. La información es más poderosa que cualquier arma y puede ser igual de letal en las manos equivocadas, o en el momento incorrecto. No es lo mismo aprender acerca del sexo de boca de los papás, explicando con amor un acto precioso a la edad más adecuada, que en cualquier otra circunstancia.

El auto conocimiento también libera. En el momento en que conocemos nuestros defectos, éstos dejan de afectarnos. Cuando abrimos la mente a otras formas de ver la vida, expandemos nuestros horizontes. Cada palabra nueva que aprendemos, nos da una herramienta más para comunicarnos.

Obvio que no siempre es conveniente impartir conocimiento. Menos mal el niño se entusiasmó de meterse a la piscina de gente grande con su mamá.