Einstein se Equivocó

Mi entendimiento de la teoría de la relatividad es muy superficial, pero la ciencia ficción me ha ilustrado: a la velocidad de la luz, el tiempo y el espacio son inversamente proporcionales. Pero resulta que lo relativo no es el tiempo. Es la edad. Hace poco le preguntaba a Mario si se sentía de la edad que le toca cumplir pronto (40) y la respuesta es «sí y no». ¿Ven? Relativo.

El transcurso de las horas y los años linealmente calculado, no tiene variación. Es medible, predecible. Lo que no se puede cuantificar es lo que se vive dentro de ese transcurso de segundos. Pareciera que a algunas personas los años se los comen vivos y les graban más experiencias en la cara y el cuerpo de lo que les corresponden (o, que los rueda paches por La Antigua). Otras, llegan a edades avanzadas con una frescura de flores por la mañana.

Y no tiene que ver con arrugas, ni lonjas, ni canas o falta de pelo. La apariencia física sólo es un elemento de lo que se lleva por dentro. Nadie pasa por este mundo sin experimentar tristezas ni momentos duros, pero la actitud con la que se afrontan y la facilidad con la que se superan, nos mantienen mejor, por más tiempo. Si alguna vez han visto a alguien con la boca torcida hacia abajo en una mueca constante de amargura, me entenderán por qué prefiero las arrugas alrededor de los ojos.

Relativamente, estoy más o menos a la mitad de mi vida. Espero seguir llenándola exponencialmente de vivencias que me permitan sentir que tengo mil años, aunque no los cumpla.