La Vida Después

Cuando a uno le preguntan de niño «¿qué vas a ser cuando seas grande?», generalmente es qué profesión quiere. Obvio, yo a los 5 años quería ser pediatra en la mañana y veterinaria en la tarde. Cómo les cuento que ni me gustan los animales y que los niños que me gustan son los míos propios de mí. En fin. A esa corta edad, daba igual una persona (viejo) de 20 que una de 40, que una de 60. Hay tanta diferencia de kilometraje, que no se puede diferenciar y el «cuando sea grande» no va mucho más allá de la mítica universidad que aparece como un espejismo al final del desierto del colegio (son más de 14 años de escolaridad para graduarse, si contamos los prekínderes y demás vainas).

Resulta que uno se gradúa de la universidad y ya es «algo». ¿Será? Yo soy Abogada y Notaria, con una maestría. Mejor dicho, eso estudié. Ahorita, lo que soy es una señora de casi 40 años con dos hijos, tres gatos y casi 10 años de casada. Pero tampoco. Soy escritora, editora, cantante frustrada. Pero tampoco. Y no importa, no me estoy tratando de encontrar a mí misma, me tengo bien ubicada. Hago cosas diferentes, dependiendo de las circunstancias exteriores, pero soy yo, esa de adentro, la que necesita mejorar muchas cosas pero es la misma, siempre. Y estoy muy contenta así.

Hay vida después de «ser grande», así como hay matrimonio después de la boda y pareja después de los hijos. La clave está en saber que un hito temporal es sólo eso, temporal y que hay que tenerse bien medido para aguantar lo que reste de nuestras vidas. Y todavía no soy «grande».