Escribir nuestra vida

Hay muchas tradiciones y religiones que creen que todo lo que hacemos, pensamos y sentimos se queda grabado en una especie de libro «cósmico». No sé si esto será cierto. Lo que sí sé es que yo llevo escrita mi vida entera en mi cuerpo. Tengo las cicatrices de las caídas en bici, la seña de la cirugía por donde salieron mis hijos, la noche de desvelo en las ojeras…

Cada cosa que hacemos deja su huella en nosotros. Nuestra cara se marca por nuestros sentimientos más frecuentes, sino, no se llamarían cariñosamente «líneas de expresión». Cómo nos alimentamos se refleja de formas evidentes y no tan evidentes, porque los órganos internos no son tan fáciles de ver como la lonja. Hasta nuestra paz interior se nota en la forma en la que caminamos.

Todos escribimos nuestra vida y el libro que utilizamos es nuestro cuerpo. Hay algunas cosas que se pueden borrar y volver a poner, como el peso. Otras, como las cicatrices, nos acompañan para toda la vida.

Me gusta pensar que estoy tratando con cariño mi libro, porque es el único que tengo y me tiene que durar en buen estado. También me pasa que siempre me ha gustado decorar cualquier papel que tenga a la mano. Tal vez por eso, a la par de las cicatrices, hay tatuajes. Nadie dijo que era prohibido pintar.