Mi lema antes era “para qué hacer las cosas fáciles, si se pueden hacer difíciles”, un poco en broma y bastante buscando encontrar soluciones nuevas a problemas viejos. Tiene mérito no querer hacer las cosas de la misma forma siempre. Pero es aún mejor lograr la manera más simple para salir de los lugares complicados.
A veces eso tiene mucho que ver con el momento en que se toma una decisión: es más fácil bajar 2 libras que 20. A veces depende del involucramiento emocional y lo que uno está dispuesto a dar. Y siempre depende de lo que estamos dejando de hacer. Ése es el verdadero peso de nuestra vida: todo el resto de cosas que no hicimos. Y allí viene la bondad de no complicarse. Pero… las salidas sencillas no siempre son fáciles. Por ejemplo, si llegara el caso (que para nada es autobiográfico, no qué va) de tratar de dormir con alguien que ronca, sería muy simple ir a otro cuarto. Pero… todo el bagaje emocional que implica esa movida a veces es demasiado pesado como para tomar la decisión rápida. Así que uno busca audífonos, tiras nasales, exorcistas… todo menos que algo sencillo.
Lo más importante es que el resultado no sea menos deseable que lo que se sacrifica por obtenerlo, aún cuando la ruta sea hasta más ardua.
