Hay un árbol en particular por el que paso en mi camino de la mañana que está lleno de pajaritos. Hacen un escándalo tremendo a esa hora, anunciando a la vida que despiertan. Me encanta escucharlos, siempre bajo el vidrio para recibir su saludo. Comienzo el día mejor por eso.
Hay una explicación antropológica de por qué nos gusta escuchar el canto de los pájaros: cuando estábamos en la jungla, nos servía de alarma porque las aves sólo hacen ruido cuando no perciben peligro cerca.
Ya no vivimos en ese tipo de selva. Y nos sigue gustando escuchar a los pajaritos. Porque sí. Y eso es suficiente.
