Siempre lo recuerdo tarde

Hacer el súper con hambre es una tortura. Sé que quiero llevar cosas inconvenientes cuando hasta las galletas maría se me antojan. Es cuestión del momento y el estado.

Como en todo. Nunca se vuelve a leer el mismo libro aunque uno lo repita, porque uno es el que ya no es igual. Lo del río y todo eso. Pasa con las relaciones, a las que uno jamás puede regresar, por mucho que sean las mismas personas.

No existe tal cosa como la permanencia, sólo la voluntad de ajustarse. Como ahora mismo que me he desviado tanto del tema con el que comencé, que no me decido entre comenzarlo de nuevo o terminar este desorden de ideas.

El estado y la oportunidad nos marcan las experiencias y aceptar que nunca se regresa a tener los mismos, que nunca volvemos a coincidir perfectamente con las circunstancias y que querer estancarse equivale a enterrarnos, es liberador. No vamos a llegar de nuevo al paraíso perdido. Simplemente ya no existe y buscarlo nos hace no fijarnos en los que vamos pasando. Estado y consciencia. O hambre y súper, cosas que sí se me juntan con frecuencia, aunque cambie de horario.

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