Sentir sin recuerdos

En la vida no tenemos nada por cierto. Todo cambia, hasta nuestros rostros en el espejo. Veo una fotografía de hace 28 años y no reconozco a esa persona que está usando mi nombre. Pero sí recuerdo cómo se sentía. La angustia y el desasosiego que viví esos años me inunda como un deslave y, por un momento, regreso a ser esa niña insegura, sin amigos y sin sentirse apreciada. ¿Y? Ya no soy la misma, por mucho. Probablemente ni siquiera era tan así como lo veo ahora, con tanta distancia de por medio.

Los recuerdos se modifican cada vez que los examinamos. En mi caso, mi paso por el colegio está muy poco revisado, porque no regreso allí si puedo evitarlo. Por una serie de circunstancias desafortunadas, fui el blanco de todo el rechazo de mis compañeros desde 2o primaria. La perseverancia es lo mío y no me salí, pero pude haber tenido una mejor experiencia si no hubiera sido tan necia. Ya estuvo. No soy más ni menos que lo que soy ahora, gracias a todo lo que he pasado para estar aquí. Además, estoy segura que si les preguntara a mis compañeros, jamás se acordarían de nada de lo que yo tengo presente. Porque no fue importante para ellos, no les afectó. Y se vale.

Menos mal uno cambia. Siempre. Y esa es mi única razón de revisar el pasado. Para tomar distancia y aceptar que hemos llegado a vivir mucho más. Le agradezco a esa niña que me mira desde la foto todo lo que aprendió. Me gustaría decirle que valió la pena.

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