Salió el sol

Un rato, el justo para poder nadar sin sentir que me voy a quedar hecha un cubo de hielo en la piscina. Me advirtió la señora que ya estaba adentro que estaba helada, pero igual me tiré sin probar, ya sabía a qué iba.

Tantas cosas que hacemos así, sabiendo que nos van a costar, pero que las queremos, las necesitamos, nos hacen bien, somos persistentes (necios) y le damos. Nos metemos a estudiar cosas difíciles. Aprendemos otros idiomas. Vamos a reuniones con gente nueva. Comenzamos relaciones. Tenemos hijos. Buscamos nuevos trabajos. Hacemos ejercicio y nos comemos el brócoli (guácala el brócoli).

Está nublado y nos tiramos a la piscina que sabemos está fría, porque nos duele la cabeza y quisiéramos irnos a dormir el resto del día, pero toca nadar, porque nos hace bien, porque si no, matamos a alguien, hasta a nosotros mismos por dentro. El agua, como ya lo esperábamos, es un choque de frío que quita la respiración y hay que nadar, nadar y nadar hasta calentar un cuerpo que no está en su elemento natural. Así con todo lo que queremos, porque la vida no siempre se camina entre un laberinto de lavanda (acabo de ver una foto de uno y yo quiero). La vida no siempre cuesta tampoco.

Tal vez el chiste es seguir haciendo lo que uno quiere sin que importe lo que hay alrededor, a pesar de ello, con ayuda de ello. Porque, aún cuando la piscina está helada y. uno se está maldiciendo a uno mismo por haberse lanzado, sale el sol a saludar. Como hoy.

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