Saber y hacer no son lo mismo

Las emociones son unas gotas de mercurio que se escabullen entre las manos. Una buena forma de medir nuestro estado de salud. Y muy tóxicas, letales, si no sabemos manejarlas. Se puede pasar uno la vida entera tratando de no dejarse llevar por ellas.

Los seres humanos, lo que nos distingue entre otras cosas, es la capacidad de tener un espacio de tiempo entre lo que sentimos y lo que hacemos. Ese tiempo de reflexión nos permite tomar decisiones que respeten nuestras emociones, sin causar daños irreparables. Ayuda mucho estar consciente de qué es el viento que lo empuja a uno y hacia qué lado verdaderamente queremos apuntar el barco para que no naufrague y nos lleve hasta el fondo. Pero saber no es lo mismo que hacer y allí es donde vale la pena ejercitar la voluntad.

Me cuesta mucho no envenenarme con mi propio mercurio y trabajo a diario en ello. La empatía ayuda, la meditación también. En este año que comienza, quisiera que todos pudiéramos agrandar el espacio de reacción. Sería un buen paso hacia una mejor convivencia.

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