Resumiendo

Estamos acostumbrados a escuchar la mitad de las cosas que nos dicen, metiéndoles la información que ya tenemos preparada para complementarlas. A no ver con detenimiento las caras de las personas que tenemos a nuestro alrededor, porque ya tenemos una imagen pregrabada. A no ponerle atención al camino que recorremos todos los días, sin que nos importen los cambios que puedan haber.

Resumimos, reducimos, telegrafiamos. Es necesario para poder enfocarnos en lo que vamos a hacer. No creo que sea muy productivo irse fijando en todos y cada uno de los detalles que se nos atraviesan en la vida, pero también a veces pienso que hay mucho de lo que nos perdemos. Sobre todo cuando se trata de las relaciones que tenemos. Si no nos fijamos en los pequeños cambios, cuando notamos las diferencias a veces ya es demasiado tarde.

Tomarse el momento para analizar el estado real de las cosas en el momento en el que estamos, cómo se sienten nuestros seres cercanos, hasta la calle en la que vivimos, es recuperar el sentido de ir percatándose de la vida como cuando la vimos por primera vez. No sé si puedo hacerlo constantemente, pero recuperar la capacidad de asombrarme me acerca a ser más feliz.

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