Las peores relaciones son de las que no nos podemos escapar. Con la comida, por ejemplo. La necesitamos para vivir. Y como la naturaleza se empeña en que vivamos, apareja a comer toda una serie de procesos químicos que nos hacen sentir ciertos grados de bienestar. Ni hablemos del amor.
La principal preocupación de un ser vivo es propagarse. Para eso necesita resguardo, comida y pareja. Debería ser sencillo. Pero si algo más le gusta al universo es la complejidad. Así una cueva se convierte en una mansión, una fruta en un pastel y una pareja… bueno…
Las relaciones con lo básico deberían de hacernos bien. Y felices. Todo lo que no contribuye a eso, no debería llamarnos la atención. Y aquí estoy yo, terminando el bote de semillas de marañón…
