Recordar a desconocidos

Tengo poca documentación de mi familia. Y no porque no se haya conocido de ella, sino porque no me queda gente cercana a quiénes preguntarles. Es un poco como haber pertenecido a una flotilla de barcos y quedarme con toda su carga en el mar, ya alejada del resto.

Los humanos tenemos la capacidad de modificar nuestros genes con la conducta (no todos, obvio) y pasárselos a nuestros descendientes. Y eso incide en lo que les dejamos a los demás. Lo genético se imprime en nuestras vidas. Perpetuamos a nuestros antepasados en las cosas que repetimos sin darnos cuenta. Y así recordamos a gente que ni conocimos.

Nunca estamos solos, llevamos con nosotros a todas las generaciones que nos hicieron y las transmitiremos en las que dejemos después. Y eso hace que el mar se sienta menos solo, la travesía menos larga y la carga menos pesada.

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