He estado con cosas pendientes desde hace quince años. No ha sido desidia, pero sí negación. Cuando lo pensaba, quería olvidarlo. En particular ponerle una placa conmemorativa a mis papás. Hay algo de finalidad simbólica que dejé pasar. No hay muchas excusas, pero tampoco tengo que dárselas a nadie. Sólo a mí.
Hay una falta de lógica en todo esto y creo que no la voy a buscar. Al menos no me es necesario en este momento. Sí siento una especie de alivio con el cierre de esto. También es cierto que la vida puso en mi camino a personas maravillosas que me ayudaron a solucionar algo que pudo ser complicado y que se resolvió con una llamada.
No puedo asegurarme a mí misma que no vuelva a dejar cosas pendientes. La bodega llena de telas me pesa como elefante. Junio será el momento para que alguien más la arregle. No quiero que lo hagan mis hijos y lo dejen estar quince años más.
