Y con alcohol no se puede, ninguna otra sustancia ayuda. Volar tiene más que ver con ser libre, la facilidad de cambiar de postura, una cierta inquietud, inconformidad. Quiero salir a correr, mejor a nadar. Un mundo suspendido entre corrientes de deseo, calientes y frías, siempre hacia delante. Flotar sobre un río, llegar al mar.
También se puede esperar en la playa y que el calor me evapore. Los domingos se me desamarran las obligaciones para poder escogerlas al final del día y retomarlas mañana, las que sirvan. Vamos a sentarnos en el sillón de siempre, contemplar desde una vista más amplia y dejarme del lado, no al centro, no hay centro (al menos eso dicen los astrofísicos).
Voy a querer hasta olvidar, un amor sin razón, sin límites. Y allí, así, voy a volar.
