Quiero desdoblarme

Vine a una piñata con el niño y dejé a la niña en casa. Es primera vez en más de dos semanas que no está conmigo o con Mario y yo quiero llorar. Porque no quiero dejarla sola nunca y porque siendo delicioso estar sin ella un rato.

No sabía a qué tanto me metía al tener hijos. Nadie lo sabe. Menos mal porque si antes de tenerlos, me hubieran dejado sentir el peso de la responsabilidad que llevo ahorita, me la hubiera pensado demasiadas veces. Y es que tener a cargo a personas en construcción es abrumador a veces. Para mí ahorita está siendo de tomármelo un día a la vez y hasta eso se me complica con la falta de sueño.

Respiro, despejo los ojos y comienzo a hacer recuento de las risas y de las preguntas y de las canciones. Los cuerpecitos que se me pegan como imanes y que buscan mi piel para protegerse. Los malabares mentales que necesito practicar para convencer intelectos agudos con poca experiencia. Las risas, ¿ya dije las risas, verdad? Me siento abrumada, pero porque corresponde al amor que les tengo y eso me hace mejor a mí. Amarlos y preocuparme y entregarles mi atención me saca de mí misma y me ha hecho crecer. No tengo cómo agradecérselos, porque voy a terminar siendo una mejor persona de lo que sería sin ellos.

Y sigo queriendo desdoblarme. Tal vez así lograría dormir.

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