Si tuviera que salir corriendo de mi casa, pudiendo llevarme a mis hijos y mis animales, lo dejaría todo sin pensarlo. Hace unos años hubiera llorado de pensar perder las cosas que me gustan. Hoy no.
Les asignamos un valor sentimental a las cosas que nos rodean y luego sufrimos si las perdemos. No se trata de no cuidarlas, pero sí de no dejar parte nuestra en cosas que se pueden perder.
Me gustan mis trastos de cocina, los cuadros, los muebles. Y estoy segura que cualquiera otros también me gustarían. Porque uno es el que les da el valor, así que el valor está en uno mismo. Podría salir con la ropa que tengo puesta.
