Practicar y practicar

La niña quería clases de guitarra en vez de clases de pintura y eso probó este año. No le gusta. Ni un poco. No practica y le cae mal que no le salen las canciones y entonces no practica porque no le gusta y así va el círculo vicioso. Sinceramente, no tengo la gana de pelear con ella por la guitarra y los deberes y estudiar y tener limpio su cuarto y ser amable e ir al karate… La guitarra es la cosa hasta abajo en mi lista de prioridades.

Pero algo bueno salió del asunto y, mientras la espero, recibo yo clases de canto, lo cual me tiene feliz porque ya no desentono tanto en la ducha. Allí ando, dándole y dándole a los ejercicios de respiración y afinación y practicando. Porque resulta que, aunque no lo hago del todo mal, igual hay que ejercitar. No es tan divertido hacer escalas como agarrar un micrófono en el karaoke, pero se hace. Como escribir todos los días, aunque no tenga de nada de qué hablar. O ser amable. O hacer los pasos básicos del karate. Todo comienza con los fundamentos y éstos hay que repetirlos hasta olvidarlos. Y regresar.

Tal vez por eso a veces damos vueltas en la vida, nos encontramos en las mismas situaciones, porque necesitamos repasar. Cada vez que salimos de nuevo del círculo, lo hacemos en un lugar diferente, con nuevas experiencias. Tal vez. O tal vez, simplemente, no sabemos vivir y hay que practicar.

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