Me salió hacer el cuervo del lado antes que de frente. Estaba feliz. Ahora no me sale ninguno de los dos. No es una cuestión física, aunque el dolor de hombro tal vez sí me hace tener cautela. Es una cosa de mentalizarme. Como cuando me subo a una montaña rusa.
Tenemos límites físicos evidentes. No podemos ser más altos, cambiar el largo de nuestras extremidades, modificar las habilidades innatas. Todo es es el papel con el que nacemos, los colores que nos dan y los pinceles que podemos usar. Pero qué hacemos con eso, allí entra la imaginación, la perseverancia, la inspiración. Y con eso se pueden hacer cosas maravillosas.
Tengo que poder volver a hacer el cuervo en todas las posiciones. Si ya lo hacía. Aunque me tenga que quitar otra vez el miedo. Eso es lo más complicado. Pero si ya lo hice una vez, seguro lo alcanzo otra.
