Los espejos son inventos recientes. Durante la mayor parte de nuestra existencia como seres humanos, el otro nos servía de reflejo, referencia, auto imagen. Bueno y malo, porque la identidad amarrada a los demás nos quita un poco de autonomía y la total separación del grupo nos da un poco de autoengaño.
Es bueno conocerse a uno mismo. Para eso sirven los espejos, pero no sólo los de cristal y metal. Las personas que nos conocen también son nuestros reflejos. Muy necesarios, aunque no siempre muy dulces. La gente cercana nos pone a la vista nuestros defectos, esos que no podemos vernos a nosotros mismos. Y sólo así mejora uno.
Es bueno tener espejos. Y un grupo de reflejos que nos ayuden a darle profundidad a nuestra autoimagen. Porque no es suficiente tener un personaje qué enseñar. Hay que ser una persona.
