Hay “campamento” de la clase del niño. Alquilamos carpa, prestamos sleepings, empacamos salchichas y nos venimos. Es una experiencia simpática porque no es precisamente en lo salvaje. O sea, hay baños.
Hacemos muchas cosas por las personas que queremos. A veces no nos gustan, como tener que estar una noche entera con muchas personas. Aunque me caen bien, mi pequeña ansiedad social me hace buscar un lugarcito y escribir. Por ejemplo.
Así, salimos a recoger niños de noche a fiestas en vez de dormir. Volamos silla en las clases extra. Cocinamos comida que le gusta a la pareja. Nos cambiamos de casa, ciudad, país.
Cambiamos. Vamos. Dejamos. La convivencia con otros nos transforma.
Tal vez lo más importante que podemos hacer por las personas que queremos, es dejarlas ser. Y quererlas así.
Es difícil. Porque se quiere, pero con expectativas y ésas son el cáncer.
Lo cierto es que ya tenemos armadas la carpa, listos los angelitos y desenrollados los sleepings. Lástima que se me volvieron a olvidar las mentadas almohadas.
