Lo recordé hoy, una semana y pico después y me sentí muy, muy mal. Es interesante cómo nos puede hacer sentir mal un muerto, porque somos nosotros mismos los que le metemos algo que no existe. No hay relación más constante que la que no existe más, y alimentamos de recuerdos. Creo que no me haces falta, lo siento, pero sí siento la necesidad de recordarte, aunque esa idea se me desdibuje entre emociones contradictorias. Estoy segura que hubo cariño, pero no puedo decir con la misma confianza que haya habido una relación qué echar de menos. No tengo una sola pieza en mi corazón que se sienta vacía sin ti. Y eso me da tristeza. Tuve la oportunidad de hacer algo distinto entre nosotros y simplemente no hubo tiempo. O ganas. O ambos. Difícil eras, definitivamente, pero eso no me quita la parte de la responsabilidad que me corresponde. Las relaciones son de dos vías y ahora una está deshabilitada permanentemente.
En fin. Se me olvidó tu cumpleaños, tanto el de tu muerte como el de tu nacimiento que están convenientemente cerca. ¿Se vale decirte feliz cumpleaños? A ti seguro no te es importante y para mí debió haberlo sido. Lo siento.
