Perdón, quisiera no ser así, pero no recuerdo nombres. Puedo decirte qué me contaste, si estabas triste, cuándo se murió tu primera mascota. Le voy a poner mucha atención a lo que me cuentes, con palabras y silencios. Te voy a escuchar atentamente. Y tal vez por eso olvide tu nombre. Porque no me lo vas a repetir.
Los nombres (la palabra abstracta que representa una cosa general en la mente), sirven para poner las cosas en categorías específicas. Son el título de la novela que vive la persona que lo lleva. También me olvido muy fácil de los títulos. No deja de ser un defecto muy feo. Porque nos identificamos íntimamente con algo que no escogimos y son muy pocas las personas que se lo cambian.
Conocer cómo se llama alguien es poder ejercer cierta capacidad de invocación. De hacerte saber que sé quién eres. Al menos lo externo. Supongo que debo aprender a recordar.
