No me doy cuenta

De muchas cosas no me doy cuenta muchas veces. Se me escapan los detalles, las claves que me dirían en dónde están los momentos importantes, las cosas pequeñas que se acumulan hasta volverse montañas descomunales. No me doy cuenta que el clima no va a hacerme el favor de ponerse de acuerdo con la ropa que me quiero poner y paso frío o calor a mitad de la tarde. No me tomo el tiempo de fijarme en que tengo hambre y llega el momento en el que estoy de mal humor y le contesto mal a mis hijos hasta sentarme a almorzar y recuperar la cordura. No me doy cuenta que un saludo no es igual y sigo pensando que las relaciones siguen en donde las dejé.

Evitar fijarnos para no ver lo que pasa es tan común, que hasta se lo hemos atribuido a las avestruces, pájaros que, por cierto, nunca han metido la cabeza en la tierra para esconderse de nada. Las cosas existen, las queramos ver o no. Como el sol detrás de las nubes que igual quema aunque no nos caliente.

Hay cosas de las que no me quiero dar cuenta, porque no quiero que se arruinen o que los niños crezcan o que no sepa cómo continuar. Pero sí me doy, aunque no lo sepa y por eso sigo tratando de avanzar y fijarme. Fijarme tanto que las cosas que verdaderamente no mire, no sean porque no tuve la valentía de enfrentarlas.

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