Fuimos a ver Lilo and Stitch con los adolescentes. Casi puedo asegurar que será la última de este tipo de películas que veremos con ellos. Se me partió el corazón.
Todo tiene su momento y es bueno que se agoten las etapas en su orden. Si no, tiene uno un montón de deseos no realizados de regresar a la niñez o a la adolescencia que lo impiden a uno de desarrollarse. No se trata de ser adultos amargados, sino de poder gozarse las cosas infantiles sin infantilizarse uno mismo. Nada más triste que un adulto queriendo ser niño. Huirle a las responsabilidades, no gerenciar bien las emociones, ser un egoísta, todo eso no es ser una persona bien desarrollada, es ser un niño que necesita que lo corrijan.
Me gustó mucho la película. Me encantó llevar a mis hijos casi grandes a verla. Y me fascina que estoy haciendo todo lo posible para que vivan cada una de sus etapas. Así, cuando tengan mi edad y no sean unos viejos amargados, se recordarán de cómo nos reíamos de todo. Ojalá.
