No hice nada

Con el desayuno preparado desde ayer, almuerzo pedido y niños atendidos, poco me quedó por hacer hoy. Se me juntaron las ganas de platicar en silencio con mi cama, con la falta de deseo de hacer otra cosa. Hacer nada es, por definición, estar en un estado específico, ilógico hasta cierto punto.

Siento la compulsión de ocuparme, porque me rindo cuentas de cada momento y pocas veces me satisface mi reporte. ¿Por qué perdimos el sentido de la nada como algo bueno? Es allí cuando se asientan los sabores de la vida, ingredientes en una salsa que necesitan conocerse mejor para bailar bien juntos.

No estoy segura si lo que hice sea bueno. Es algo, sin ser algo. Ha sido rico. Me dará un poco de cargo de consciencia mañana, por tantos minutos desperdiciados. Espero apreciar la suspensión de ansiedad que me regalé. Tal vez lo repita alguna otra vez.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.