No dejes que te digan

Que si en el colegio me tenían apodos nada agradables. Tanto así que no recuerdo el peor de ellos, por mucho que intente hacer memoria. Y está bien, era una mezcla de animales y no precisamente de los agraciados.

Crecer es tratar de dejar atrás la vestimenta de opiniones que los demás nos pusieron encima. Qué mejor que poder quitársela como cualquier otra prenda de vestir. Lo malo es que no se va. Porque la hicimos nuestra y nosotros mismos las seguimos usando.

Dejarme que la opinión de alguien más me defina ya es demasiado. Tengo suficiente con la voz criticona de mi interior.

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