Llevo varias lesiones en el karate. Y los moretes ni me sorprenden. Pero no estoy quejándome. Es casi algo de qué estar orgullosa. Porque hago algo que me encanta y no me da miedo seguir adelante.
Hay que hacer cosas en la vida. Lo que cueste porque nos gusta. Aunque duela. Y seguir. Se termina la vida y nadie llega intacto al final.
Sinceramente, lo que más me ha costado, es el transcurso del tiempo que me ha tomado. Podemos pensar que hay suficientes años delante nuestro. Pero se nos olvida que nos los vamos gastando de forma inexorable. Por eso no me han pesado estos últimos ocho años entrenando, ni lo que ha dolido. Ni lo que viene.
