Mi libro favorito

El niño acaba de terminar Ender´s Game y le traté de dar The Hitchhiker´s Guide to the Galaxy, pero aún no lo entiende. Está bien, cuando se ría de la primera estupidez genial, sabré que ya creció. Porque ese es mi libro favorito. O por lo menos el que pensé que era mi favorito en el momento en el que se lo di. Pero también me recuerdo con cariño de El nombre de la rosa. O de la saga de Dune. O de Anne of Green Gables. Y se me va la memoria de todos los otros que han sido mis favoritos. El problema, o la ventaja, es que con los libros me pasa lo mismo que con la música: me gusta más el que me está gustando ahorita.

Cambiar de cosas favoritas es una ventaja enorme, porque nos mantiene buscando algo más. La gente que se queda parqueada en una época de su vida es como ese adolescente del colegio popular y guapo que ahora de bastante adulto sigue contando las mismas historias porque ya no continuó con su vida. Pensar que lo mejor de tu vida está atrás, es no tener futuro. Tampoco se puede vivir para adelante, porque eso aún no ha sucedido. Y, aunque es algo muy facilón y «moderno» hablar de vivir en el presente, la sencillez de aceptar que eso es lo único que tenemos de verdad es liberadora.

Como no pudo leer el que le di, le pasé The Road, porque es fantástico y cruel y ya tiene edad para leer cosas que lo incomoden. Y yo tengo muchos años para pasarle mis libros favoritos.

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