Mejor que la rutina

Mi mamá, quien en sus cosas personales era extremadamente desordenada, me rigió la vida con horarios y rutinas. para darme la oportunidad de tener una mejor forma de llevar mis cosas. Siempre supe a qué hora comíamos, en qué momento debía dormir, qué días tocaban ciertas clases. Hasta la fecha, el lunes quiero cocido, porque eso había en casa. Obvio para mí la rutina es un lugar seguro.

Pero también pasaba algunos días en casa de amigos que de rutina no tenían ni la más panda idea y nos pasábamos en el desorden más feliz del mundo. Hasta que mi corazoncito pedía a gritos saber qué estaba pasando y regresaba a casa, feliz también. Nada en extremos sirve, porque al final se juntan y todos los defectos se parecen entre sí.

Algo semejante me acaba de pasar con un viaje y hoy estoy disfrutando de saber que en lunes se lavan las sábanas y se hace ayuno. Porque, más que una rutina, lo mío mío es un descanso de tomar decisiones triviales. Puedo navegar sobre rieles durante algunos momentos, sin tener qué pensar en la dirección. Y, aunque eso no sirve para alcanzar las grandes metas, al menos me quitan un peso de encima. Bendita rutina y bendita madre que me la enseñó.

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