Me tomo fotos

En todas partes, con todo el mundo. Le tomo también a la comida y a mis gatos. Obligo a mis hijos, les pido a la gente que quiero. Las fotos me sitúan en un momento bonito y me hacen regresar.

Me gusta verme en una foto, porque sé que jamás voy a volver a ser igual y, probablemente, tampoco haya sido como lo recuerdo. Y está bien. Es un acto de magia que perdura y se multiplica. Las notas de resumen de la vida que luego juntamos y volvemos a contarnos, aunque no sean tan fieles. No importa.

Hoy hicimos las empanadas de ciruela de la receta de mi mamá con la niña y las fotos nos tienen sonriendo juntas luego de una semana complicada. En un año voy a regresar a las sonrisas y ni voy a recordar las peleas. Mejor así.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.