Me refugio en la rutina

La piscina estaba fría. Es diciembre, el sol no calienta el agua, menos genera suficiente energía para que alcance el exiguo calentador, hay viento que ondea la superficie y hace frío. Perro frío. Paso todo el camino pensando que no me voy a meter y termino nadando como perseguida. Es mi rutina. 

Igual así escribo por aquí, porque tengo otras cosas que quisiera escribir pero no me da la fuerza emocional y regreso a abrir esta página en mi navegador y a gastarme las doscientas palabras, un dulcito para aliviar mi ansiedad. Debería estar terminando un par de cuentos, sacándome emociones que no quiero sentir. Pero sigo aquí y ya escribí y con eso me doy por satisfecha. 

Lo mismo paso de un amanecer a otro para ir a los mismos sitios. La comodidad es un placebo adictivo. Un puente entre experiencias. Un tubo de agua en qué desplazarse sin tormentas. Pero todo se quiebra en algún momento y hay que salir a navegar al agua abierta y desconocida, porque la rutina no es más que una balsa y la vida una travesía que no podemos predecir. 

Mañana tengo cosas qué hacer. El jueves también. Y regresaré aquí a hacer lo que hago cuando no quiero hacer lo que debo. Hasta que se me rompa el envase de tanto usarlo y me toque hacerlo nuevo de nuevo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.