Los domingos como más

Fuimos a desayunar a un lugar nuevo que no nos gustó tanto como al que siempre vamos, pero que estaba bien. De almuerzo, salchichas, polenta frita y cerveza. De cena creo que pediré un estómago nuevo, porque no creo que me quepa nada hasta mañana. Los domingos comemos cosas que se salen de nuestra normalidad y todos en la casa los esperamos. Pero no tanto como la primera vez que tuvimos un domingo “libre”. Ha sido una cuestión de retornos disminuidos, porque ya no tenemos tanta ansiedad, tal vez. Por lo menos eso me pasa a mí, que mi estómago protesta y mi boca no se emociona tanto como antes.

Será cuestión de costumbre, eso de comer de cierta forma, hablar de cierta forma, caminar de cierta forma, toda mejor que lo que hacíamos antes. A veces dan ganas de regresar a lo que uno era, se prueba, hay alguna felicidad en hacer las cosas “mal”, pero no compensa.

Espero que mis hijos también aprendan que está bien salirse del camino trazado con cuidado de vez en cuando, pero que sólo un poco y que es mejor regresar. Yo también. Y mejor si ya no ceno hoy.

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