He pasado días que no pasan. Tal vez hace mucho calor y pocas ganas. Son los días que agradezco el ímpetu que llevo de la rutina y me dejo arrastrar.
Las cosas que se hacen porque se tienen qué hacer son las balsas de emergencia de la vida. Esperar a tener ganas es como esperar el clima: seguro que van a haber días buenos, pero ni idea cuándo. Todos los inciertos que hay en medio simplemente se tienen qué sobrellevar.
Así que lavo ropa, acompaño niños y cocino, como si tuviera ganas. Tal vez mañana sí me den.
