He aprendido que decirle “inteligente” a un hijo es contraproducente. Porque no elogia algo que esté bajo el control del niño y, además, le quita mérito a cualquier esfuerzo que pueda hacer. Lo mismo con chulear a alguien, agradecer un gesto, apreciar a un colaborador.
Qué complicados somos a veces los humanos, con todas estas minucias en la manera de aceptar las interacciones. Siempre queremos encontrar qué más hay, descubrir el significado oculto. La mayor parte de veces, lo que se ve es lo que hay. Y lo que le dicen a uno es eso. Si quieren decir otra cosa, que lo digan.
Ahora ya no digo “qué lindo eres”, digo “gracias por atenderme con tanto esmero”. “Qué bueno que te esforzaste tanto”. Lo específico siempre le gana a lo general.
