Tengo tiempo de no ponerle atención especial al camino de regreso a casa. Ya me lo sé, puedo hacerlo hasta con los ojos cerrados. Es inclusive un desperdicio de energía querer fijarme detenidamente en detalles que ya conozco.
Nuestros cerebros están hechos para ser eficientes. Entre eso, está hacer una primera imagen mental a consciencia y luego sólo verificar rápidamente que sea la misma. Por eso es que las personas que viven juntas mucho tiempo, no perciben los cambios de la edad tan fácil. Ya tienen una foto y, salvo variaciones muy grandes, no necesitan alterarla. Pero es un principio ineludible de nuestra vida que todo cambia y que los detalles ocultan el propósito del universo. Fijarse en lo familiar requiere más atención que aprender lo nuevo. El premio es que si lo hacemos, siempre estamos rodeados de cosas nuevas e interesantes.
Tengo que volver a ponerle atención a mis caminos. Demasiadas cosas cambian, o se me olvidan. Y qué mejor que descubrirlas en las cosas que ya conozco.
