Lo que uno guarda

Cuando me tocó vaciar la casa de mis papás, encontré hasta recibos de mis párvulos. Cada cosa guardada con cariño que yo tiré por montón. Porque no eran importantes para mí, pero sí para mis papás. Las cosas que guardamos, ese papel del concierto, el menú de un restaurante, un corcho, todo eso que termina en la basura de nuestros hijos, nos describe. Las cosas de valor tienen una historia propia. El papelito con un dibujo, llevan nuestra historia.

Desde que enterramos a nuestros muertos, podemos ver cómo le asignamos valor a las cosas. Por algo pedimos descansar para siempre con ellas. Ese plato especial, el collar con el diente del mamut… Cosas que, miles de miles de años después, tienen mérito de curiosidad antropológica, seguro contaban la historia del día a día de la persona que las usaba, pero ahora están mudas.

Cuando terminé de tirar cosas, me prometí no guardar nada que no fuera indispensable, inclusive teniendo la menor cantidad de gavetas en mi casa. Pero… imposible no tener una librera con piedras, o mesas con corchos, o papelitos que tal vez hasta yo olvidé qué significan. Porque de alguna manera también ellos cuentan mi vida, tanto como esto que hago todos los días. Y también eso les va a tocar limpiar a mis hijos.

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