La dulzura no es lo mío. Intensidad, pasión, racionalidad, todo eso, sí. La parte tierna… no tanto. Cosa que funciona bien con adultos (algunos), pero no con mis hijos. Y ahora estoy aprendiendo. Todos los días. Es un constante estar encima de mis preferencias. Ellos no saben que mi tono seco no es regaño, y eso que me conocen desde que nacieron.
Hoy estuve con personas que recuerdan con mucho cariño a mis papás. Qué cosa extraña volverlos a ver con otros ojos. Quiero pensar que mis hijos llegarán a compartir conmigo lo suficiente para verme a mí de manera distinta.
Tengo más de lo que he querido. Nunca imaginé esta forma de crecer con la gente que quiero. De poder ser una persona con tanto cariño a nuestro alrededor. Y también tengo lo que necesito, todo lo que me reta a ser mejor.
