Las repisas

Tengo mis libros en una repisa bastante rústica. No son muchos, al contrario de lo que me gustaría. Y es que hace años los depuré y sólo me quedé con los favoritos. Ahora me doy cuenta que también me hacen falta los que saqué por feos. Sí, feos, malas impresiones, pésimo papel. El medio no le hacía honor al contenido. Quiero buenas versiones de Dumas, recuperar mi edición en alemán de Das Parfum (que sigo sin encontrar), volver a tener The Buried Giant. Y es que con los libros uno nunca termina de ser un dragón que amasa tesoros.

Siempre nos hemos contado historias. Sirven para encontrarnos en los personajes, entender qué hacer en nuestras vidas. Antes eran una experiencia comunal, pues una persona las contaba a la tribu. Ahora lo hacemos aislado cuando leemos, en conjunto cuando vamos al cine. Pero siempre tiene la misma finalidad: ver que no estamos solos.

Ahora mi hija revisa las repisas donde he puesto libros que no son sólo míos y siento que está abriendo cajas de tesoros. Porque también nos compartimos con las historias que conocemos en común. No sé si dejaré muchos recuerdos cuando no esté, pero si me quieren encontrar, pueden revisar mis repisas.

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