Las palabras como semillas

Es rara la vez que me quedo con ganas de decir algo. Para bien o para mal, si tengo algo qué compartir, lo hago. No es que diga todo lo que me pasa por la mente, es que, si creo que vale la pena, lo saco y ya.

Las palabras que nos quedamos adentro crecen. Son ideas que toman vida propia y ocupan nuestros espacios vacíos. El amor que no se demuestra, la tristeza que no se purga, el enojo que no se escupe, todo, nos acapara y tiende a destruirnos por dentro. Nuestro ser se fisura por la presión y todo sale por algún hoyo. Si no es por la boca, es por otro lado. Así nos enfermamos, nos duele la cabeza, se nos traba la espalda, nos quedamos afónicos.

Los humanos somos mejores cuando nos compartimos. Las palabras son los puentes que nos unen. No siempre decimos cosas bonitas, pero el ácido y el fuego, de manera controlada, también construyen.

Una semilla germina y rompe. Hecha raíces y brota. Igual lo que nos quedamos.

 

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